SERGIO ANDRES

Después de esperar durante más de 15 años la llegada de un nuevo miembro a mi familia, cuando ya nos habíamos hecho a la idea de que no tendríamos más hijos, la sola noticia de saber que pronto sucedería nos llenó de una inmensa alegría y como no, el médico en alguna oportunidad nos comentó sobre la posibilidad de que las cosas no salieran bien por la edad y por el tiempo que había transcurrido desde el último embarazo, pero las ecografías realizadas nos mantuvieron tranquilos porque todo se veía bien.

El tan esperado día no se hizo esperar pues se adelantó el parto a las 35 semanas de gestación y la alegría inicial fue inmensa y aún cuando las cosas salieron bien
pues su tamaño y peso eran los de un niño de tiempo completo, todo cambió cuando las practicantes de medicina en la clínica nos hablaron sobre la posibilidad de que fuera un niño con síndrome de down, por los rasgos que presentaba tanto en su cara como en su mano izquierda y sobre todo por la hipotonía general. La recomendación fue realizar el examen del cariotipo para estar seguros; fue así como a los 28 días de nacido salió el tan anhelado informe de cariotipo: “El resultado es compatible con síndrome de Down”.

Las lágrimas no se hicieron esperar, el miedo de no saber qué hacer, las preguntas sin respuestas de por qué, si lo habíamos esperado durante tanto tiempo, con tanto amor, qué había ocurrido, de quién era la culpa, … acaso por la edad? Y ahora qué hacer, cómo decirle a la familia. Nuestra vida dio un giro de 360°. Los comentarios poco alentadores de los mismos médicos y otras personas cercanas nos asustaron aún más. Pero sacamos fuerzas de lo más profundo de nuestro corazón y la primera decisión fue que mamá debía dejar de trabajar porque nuestro hijo iba a necesitar de toda la atención, de todo el cariño, de todo el tiempo del mundo.

Gracias a Dios en el camino se nos presentaron también algunos ángeles cuando más los necesitamos. Fue así como desde las primeras semanas una fisioterapeuta muy querida le realizaba ejercicios para mejorar su hipotonía y uno de los médicos homeópatas que nos atendía nos enseñó algo muy valioso “debemos vivir el día a día, no debemos preocuparnos por lo que va a pasar mañana, cada día trae su afán” y esas frases nos quedaron grabadas para siempre, no debíamos preocuparnos por lo que iba a ocurrir cuando fuera grande, o si podía o no ir al colegio, en fin, nos dedicamos a vivir el día a día, llevándolo a terapias física, ocupacional y del lenguaje por cuenta del seguro, pero aparte ingresó desde los ocho meses de nacido a equinoterapia y fue así como gateó a los doce meses y caminó a los trece meses como cualquier niño. La tristeza inicial se fue convirtiendo en una inmensa alegría con cada logro obtenido por él, no nos imaginábamos como nuestro hijo iba a llenar nuestra vida de tantas alegrías, de tanto amor y damos gracias a Dios por tan maravilloso regalo. Nosotros somos privilegiados de tener un ángel tan cerca.

Luego llegó la hora del ingreso al colegio y no hubo ningún inconveniente, estuvo en un jardín infantil en preescolar; pero cuando llegó la hora del ingreso a primaria nuevamente la tristeza nos embargó pues tocamos muchas puertas que nos fueron cerradas porque lo miraban como si tuviera una enfermedad contagiosa. Pero gracias a Dios encontramos una escuela donde con mucho esfuerzo logró ingresar y actualmente estudia ahí, todos sabemos que su proceso es más lento, es de mucho repetir y repetir, de esforzarse el doble o triple que los demás niños, pero eso es mucho más valioso, porque no se rinde fácilmente y aunque han pasado ya catorce años, cada nuevo logro nos llena de una inmensa alegría y satisfacción y damos continuamente gracias a Dios por tan maravilloso hijo, porque nos ha enseñado lo que es el verdadero amor, lo que es la paciencia, la tranquilidad, la verdadera amistad, la mejor compañía que pueda tener cualquier ser humano.

Los miedos quedaron atrás, el futuro es promisorio, algún día llegará a ser una persona independiente, que pueda laborar y ser útil a la sociedad y sobre todo a él mismo.